Mujeres en Lugares de Decisión
En Argentina - Sindicatos
A partir de la ley de cupo sindical femenino sancionada el 6
de noviembre de 2002 (Ver MUJERES EN LUGARES DE DECISIÓN - LEGISLACIÓN - LEY DE CUPO SINDICAL FEMENINO), la aplicación del cupo femenino se extiende a esas organizaciones y así las trabajadoras ocuparán al menos un tercio de sus conducciones. Serán menos únicamente cuando las mujeres afiliadas no alcancen al 30 por ciento del padrón gremial. También establece que en las delegaciones para las negociaciones colectivas con las patronales (conocidas como paritarias) las mujeres deben estar representadas en idéntica proporción a la cantidad de trabajadoras de esa actividad.
Por ahora, el protagonismo de las mujeres en los gremios se reduce a unos pocos casos: sólo la docente Marta Maffei, la azafata Alicia Castro y la modelo Noé Ruiz están al frente de sus sindicatos, en tanto que la número dos del Sindicato del Seguro, Elena Palmucci, es la primera mujer en ocupar una vocalía en la conducción cegetista.
En Argentina - Sindicatos
A partir de la ley de cupo sindical femenino sancionada el 6
de noviembre de 2002 (Ver MUJERES EN LUGARES DE DECISIÓN - LEGISLACIÓN - LEY DE CUPO SINDICAL FEMENINO), la aplicación del cupo femenino se extiende a esas organizaciones y así las trabajadoras ocuparán al menos un tercio de sus conducciones. Serán menos únicamente cuando las mujeres afiliadas no alcancen al 30 por ciento del padrón gremial. También establece que en las delegaciones para las negociaciones colectivas con las patronales (conocidas como paritarias) las mujeres deben estar representadas en idéntica proporción a la cantidad de trabajadoras de esa actividad.Por ahora, el protagonismo de las mujeres en los gremios se reduce a unos pocos casos: sólo la docente Marta Maffei, la azafata Alicia Castro y la modelo Noé Ruiz están al frente de sus sindicatos, en tanto que la número dos del Sindicato del Seguro, Elena Palmucci, es la primera mujer en ocupar una vocalía en la conducción cegetista.
A principios de los noventa, el Sindicato del Seguro realizó una investigación sobre 50 gremios para relevar la cantidad de mujeres sindicalistas a nivel nacional, en su mayoría pertenecientes a la CGT. La muestra arrojó los siguientes datos, citados en el Informe del Consejo Nacional de la Mujer de 1994 : -De las 50 organizaciones, la mitad no tenía representación femenina; -Del total de cargos sindicales, 1448, la cantidad de mujeres dirigentes ascendía a 80, es decir, el 5,52%: -Estos 80 cargos se desagregaban en: 19 Secretarías, el 23,75% y 61 Vocalías o revisores de cuentas, el 76,25%.
La situación del sindicalismo y la participación de la mujer en los últimos veinte años fue analizada detalladamente por las investigadoras Silvia Chejter y Claudia Laudano:
"Si las décadas de los 80 y los primeros años de los noventa fueron tiempos en que surgieron algunos espacios de mujeres en el movimiento sindical, que evolucionaron de manera diversa, en los últimos dos años esos espacios no uniformes sufrieron cambios importantes, sobre todo a nivel institucional".
En las dos centrales sindicales, la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y la Confederación General del Trabajo (CGT), hay actualmente espacios institucionalizados de mujeres: el Instituto de la Mujer de la CGT y la Secretaría de Equidad de Género e Igualdad de Oportunidades de la CTA
Chejter y Laudano analizan también la presencia de los espacios de mujeres en tres sindicatos nacionales (con grado de Federación): -la Unión Personal Civil del Estado (UPCN), sindicato afiliado a la CGT, que agrupa a trabajadores/as estatales. En 1985, en UPCN se creó una Secretaría de la Mujer que continúa bajo la forma de Secretaría de Igualdad de Oportunidades;
La Confederación General de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), afiliada a la CTA; y -la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), afiliada a la CTA, sindicato que agrupa a trabajadores/as estatales nacionales, provinciales y municipales de todo el país.
La Confederación General del Trabajo de la República Argentina (CGT)
"La CGT histórica es mayoritaria y agrupa a federaciones gremiales tanto industriales como de servicios. En el período 1991-1999, este sector no se opuso a las políticas neoliberales del gobierno, incluidas las que perjudicaban directamente a los trabajadores, con la sola condición de retener el control de la central sindical y de sus obras sociales.
La CGT antes de 1991 representó una estructura que se basaba en: -La representatividad por rama y monopólica; -La alta tasa de afiliación (obligatoria), estructura vertical y negociación colectiva; y -El financiamiento por medio de los recursos de las obras sociales sindicales", explican las autoras.
En la CGT, la agenda de género se institucionalizó a través de dos organizaciones: el Instituto de la Mujer de la CGT y un sindicato afiliado a esta Central, la Unión Personal Civil de la Nación (UPCN).
El Instituto de la Mujer de la CGT se creó en 1992 aunque sus antecedentes se remontan a fines de 1973 cuando se organizó el Departamento de la Mujer de la CGT. Ciertos gremios ya contaban con Departamentos de la Mujer propios y con el tiempo, se fueron creando los espacios específicos en diferentes Regionales de la CGT del país.
"En 1984, se nucleó la Mesa de Mujeres Sindicalistas, conformada por los gremios más progresistas del sindicalismo justicialista y por sectores independientes. De manera simultánea surge el Movimiento Nacional de la Mujer Sindical, un agrupamiento gremial de las corrientes más ortodoxas y tradicionales del justicialismo. Las diferencias son notorias: mientras que la Mesa se centraba en el tema de la discriminación en las esferas laboral y social, en la doble jornada de trabajo y en la participación sindical de las mujeres; por su parte, el Movimiento partía del reconocimiento de que las mujeres estuvieran integradas a la vida sindical y consideraban que la igualdad de oportunidades ya había sido alcanzada", escriben Chejter y Laudano.
En 1987, se creó el Departamento de Capacitación y Desarrollo de la Mujer de la CGT. Por otro lado, en 1988, se organiza el Foro de Capacitación e Investigación de Mujeres Sindicalistas con el objetivo concreto de fomentar la participación de las mujeres en los niveles de decisión de los sindicatos. Finalmente, en el Plenario de la Unificación del Movimiento Obrero realizado en marzo de 1992, se crea el Instituto de la Mujer de la CGT. Dos años más tarde, se indican como funciones del mismo:"a) Atender lo concerniente a la problemática de la Mujer Trabajadora;
b) Promover los estudios pertinentes y desarrollar las iniciativas respectivas para la modificación de la legislación vigente;
c) Procurar la participación de la Mujer Trabajadora en la sede sindical;
d) Participar en representación de la Confederación General del Trabajo en Congresos Nacionales e Internacionales que traten la problemática de la Mujer;
e) Impulsar una política que tienda a integrarla en iguales condiciones" (art. 61, Estatutos Sociales de la CGT, mayo 1994).
El Instituto fue reconocido a nivel internacional. En 1995, integra el Foro de Mujeres del Mercosur y en 1998 integra la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades entre Varones y Mujeres en el Mundo Laboral, conformada por la OIT, la CGT, el Gobierno Nacional y las Cámaras Empresarias.
Desde el punto de vista de la representación de género, en las elecciones del Consejo Directivo Nacional de la CGT en agosto del 2000, por primera vez se incorpora una mujer a la mesa de conducción, como vocal titular 3°, del gremio de Seguros.
Creada en 1984, la Secretaría de la Mujer de la UPCN fue una de las primeras en el ámbito sindical. El 8 de marzo de 2001, decreta su autodisolución y se convierte en Secretaría de Igualdad de Oportunidades.
"Si bien seguramente hubo avances respecto de la participación de las mujeres no hay evidencia empírica suficiente al respecto, ya que aún en el propio sindicato (UPCN Nacional) en la llamada mesa chica (una especie de secretaría ejecutiva) de sus 17 integrantes, sólo una es mujer", aclaran.
Central de los Trabajadores Argentinos - CTA
La CTA es una central alternativa que agrupa fundamentalmente a algunos de los gremios más afectados por las políticas de ajuste: trabajadores/as del estado, gremios provinciales, docentes y algunas representaciones industriales del interior del país. Se construye en torno a tres ejes:
autonomía respecto a los partidos políticos, a los grupos económicos y al gobierno; -elección directa por los afiliados; y -afiliación directa que permite la incorporación de sindicatos, seccionales, agrupaciones y aún de individuos. De esta manera, pueden afiliarse tanto trabajadores/as ocupados/as como desocupados/as y jubilados/as .
Hasta el 2000, la cifra total de afiliados/as era de 732.301, representando las mujeres un total de 380.920; es decir, más el 52% del total. La afiliación de las mujeres se incrementó desde 1997, en que representaban el 50%.
Desde 1991 hasta el 2000, los espacios de mujeres en la CTA fuer
on espacios informales. Los reclamos fueron acompañados durante esta etapa por la demanda permanente y reiterada de reconocimiento de un espacio propio y acceso a los lugares de decisión. En junio del 2000, en el congreso de la CTA se hizo una reforma estatutaria por la cual se creó la Secretaría de Equidad de Género e Igualdad de Oportunidades y se estableció un cupo mínimo del 20% en los cargos directivos de la CTA, cualquiera fuera su nivel, local, provincial, regional o nacional. Gracias a esta reforma, en las elecciones de setiembre del 2000 ingresaron 400 mujeres a la dirección y se eligieron a nivel nacional 120 secretarías de equidad de género. A partir de esto se da un giro institucional:"Esta es la primera vez que se toma institucionalmente la cuestión de género. Si bien hubo siempre mujeres que militaron, espacios de mujeres en ATE y otros sindicatos, a nivel nacional y en las comisiones directivas estos espacios no existían. Hoy todas las regiones y todas las ciudades grandes tienen una Secretaría".
Sin embargo, las autoras señalan que "pocos son los objetivos alcanzados y pocas las acciones concretas que se pueden contabilizar en la etapa actual. La debilidad de la Secretaría de Género e Igualdad de Oportunidades para implementar acciones concretas es notoria", por ejemplo, la falta de formación en una perspectiva de género de quienes integran las secretarías recientemente creadas. La prioridad es luchar contra la pobreza y el desempleo, compromiso que relega otras demandas posibles. En resumen, "la institucionalización de la Secretaría no significó, hasta ahora, cambios sustantivos en el reconocimiento de las problemáticas y demandas de las mujeres".
La Secretaría de Género de CTERA
En 2001, fue creada la Secretaría de Género e Igualdad de Oportunidades, que tiene por antecedente la Comisión de la Mujer Trabajadora, de 1997.
CTERA es un sindicato que agrupa a docentes, donde casi el 80%
son mujeres, que representan casi el 90% de las afiliaciones. Ell 26 de marzo de 2001, en el Congreso Extraordinario de CTERA se aprobó la reforma del Estatuto, que creó la Secretaría de Igualdad de Género y Oportunidades y establece un treinta y tres (33%) como mínimo de candidatas mujeres o de candidatos varones para asegurar pisos de participación a ambos géneros.De la enumeración de deberes y atribuciones de la nueva Secretaría surge que se trata de "estimular una participación ciudadana más activa de mujeres y niñas en la defensa de sus derechos para la igualdad de género y posibilidades", "promover una legislación protectora de los derechos de las mujeres y desarrollar estrategias educativas que conlleven a su efectivo cumplimiento y aplicación ", "promover la participación de las mujeres en la Confederación", "organizar la participación de las mujeres pertenecientes a las entidades de base" a través de "la creación de mecanismos que la hagan posible" y "promover la defensa de sus derechos" e "impulsar la igualdad de oportunidades y posibilidades dentro y fuera del sistema educativo".
Asociación de Trabajadores del Estado (ATE)
Este sindicato si bien tuvo un Departamento de la Mujer creado en 1987, hoy ya no existe. Luego de la intensa actividad desplegada durante la década del 90, el panorama cambió.
Chejter y Laudano citan el testimonio de Alicia De Lucio, ex Departamento de la Mujer de ATE, sobre la situación actual: "Las mujeres no tienen conciencia de que se tienen que unir, muchas veces se dan cuenta cuando quieren un puesto de concejal o cuando los hombres las sopapean... es que estos temas (los de las mujeres) salen cuando son útiles para otras cosas... Son temas difíciles en el sindicalismo y en la política en general. Nadie se dedicó a protestar porque en Argentina no se cumple con lo que se comprometió con los derechos de las mujeres (...) Con la situación actual estos temas parecen menores, quedan relegados. Ahí se ve el machismo de los argentinos y de los sindicalistas. Vamos para atrás".
Movimiento de Ocupantes e Inquilinos Mujeres (MOI Mujeres)
Dentro del Movimiento de Ocupantes e Inquilinos que integran la CTA, se formó en 1995 el MOI Mujeres. A nivel de
participación en la Comisión Directiva eran 5 mujeres y 5 varones, teniendo una mujer la presidencia, esto fue señalado como uno de los logros del trabajo. Otros logros fueron:La institucionalización de un espacio de mujeres que funcionó como una red solidaria.
el hecho que la delegación de mujeres al Quinto Encuentro Latinoamericano de la SELVIP en San Pablo participaron 10 mujeres sobre un total de 16. Sin embargo, la experiencia del MOI Mujeres no continuó.
En síntesis, Chejter y Laudano expresan: "La agenda de mujeres en el movimiento sindical durante la década del 90 continúa procesos abiertos en los 80, de institucionalización de espacios de mujeres, en algunos casos bajo la forma de departamentos, secretarías o áreas dentro del sindicato y en otros, sin alcanzar ese grado de institucionalización pero con presencia dentro de las respectivas organizaciones.
En la mayoría de las organizaciones sindicales fueron acciones impulsadas por mujeres de los propios sindicatos, cuyos planteos se dieron en dos grandes lineamientos: por un lado, acciones tendientes a una mayor participación de las mujeres en las conducciones de las organizaciones sindicales; por el otro, acciones relacionadas con reivindicaciones específicas de género, algunas vinculadas con las condiciones de trabajo de las mujeres y otras no estrictamente laborales.
En los estudios de casos y en las voces de las mujeres sindicalistas, se observa una gran valoración de la institucionalización, que es percibida como el marco que legitima las cuestiones de género tanto las relacionadas con las instancias laborales específicas; entre ellas, las situaciones de violencia laboral y acoso sexual como las cuestiones relacionadas con el rol de la mujer, el reconocimiento de su trabajo, los roles domésticos, la doble jornada, etc.
En los últimos años, en que la participación de las mujeres se acrecentó, se fue profundizando a la vez el impacto de los procesos globales con un debilitamiento en la capacidad de acción sindical y la pérdida de las clásicas conquistas, muchas de las cuales incluían las de las mujeres.
Se puede concluir que resultó más importante la pelea por los espacios y el reconocimiento que los reclamos específicos de las mujeres, sean éstos laborales o no y el reconocimiento de "retrocesos" sobre todo en lo que hace a demandas de carácter laboral
Las Mujeres y el Poder
Si se define el poder como la capacidad y poder de decisión para realizar acciones o hacer que otras personas las cumplan, es decir, la capacidad de llevar adelante proyectos y planes en relación a los demás, es evidente que aún las mujeres no alcanzaron este lugar en la sociedad y continúan relegadas de la toma de decisiones. Todavía sigue vigente el mito del aparente desinterés de las mujeres por el poder público: el paradigma femenino del poder sería el poder "oculto", un poder ejercido entre bambalinas para lograr que los hombres satisfagan sus deseos. Este mito es un instrumento para mantener a las mujeres en el lugar de sometimiento. La política aparece como asunto del hombre fuerte, activo, emprendedor mientras que a la mujer la siguen caracterizando por las virtudes de la indefensión: la fragilidad, la ternura, la sensibilidad exacerbada.
El problema reside en cómo accede la mujer al espacio público. El aparente desinterés de las mujeres por la política no explica la ausencia de ellas en lugares de decisión. La caracterización de la política como una esfera masculina es la principal barrera para la incorporación de las mujeres a sus actividades y organizaciones. Para entender la especificidad de la participación política femenina hay que partir de la división sexual del trabajo y sus consecuencias al delimitar un ámbito público propio de los hombres y un mundo privado femenino.
La división entre lo privado y lo públi
co articula las sociedades jerarquizando los espacios: el espacio que se adjudica al hombre y el que se adjudica a la mujer. Cuando una actividad se valora, se hace pública, tiende a masculinizarse y a hacerse reconocer. Y esto está relacionado con el poder. El poder tiene que ser repartido, debe constituir un pacto, una red en la que se distribuyen espacios de poder entre individualidades. El espacio público es el espacio de los sujetos del contrato social, el espacio de los iguales. En cambio, el espacio privado es el espacio de la indiscernibilidad, el espacio de las idénticas.Las mujeres tienen derecho a su parcela de poder y esto ya es revolucionario sin tener que asegurar a nadie que son la esencia de la paz o que son más buenas. La filósofa española Amelia Valcárcel se refiere a esto como el "derecho al mal" y es una propuesta muy provocativa contra los discursos moralizadores. Cuando se asocia el poder a la corrupción, la mujer aparece en este discurso como la no corrompida, entonces, por qué ensuciarse. La española Celia Amorós reconoce la corrupción del poder pero esto no se elude con la no participación, con el no poder, sino que con la ocupación del espacio público como ciudadanas: "Reivindicar para la mujer la capacidad de pacto es lo más revolucionario que se puede reivindicar, porque la mujer siempre ha sido el objeto en el pacto patriarcal entre los varones -objeto de intercambio, mediadora del guiño simbólico entre varones-. En este pacto ellos se colocan como sujetos".
Universalizar el acceso al poder transforma las relaciones poder. Pero la democracia representativa no produce por ella misma la representación de una sociedad de individuos. Las acciones positivas en los lugares de decisión son las permiten avanzar hacia esa universalidad.
La doctrina de la igualdad formal no puede garantizar la igualdad real, dado que la realidad nos demuestra que las personas no están similarmente situadas. Las acciones positivas se basan en reconocer que, algunas veces, resulta necesario proveer a determinados grupos con instrumentos desiguales a los efectos de garantizar una igualdad real de oportunidades y de trato. Esto es especialmente relevante a los efectos de evaluar la legitimidad del sistema de cupos para mujeres en un contexto donde la discriminación de género y la jerarquía social son norma. A los efectos de erradicar desigualdades socialmente causadas, puede ser necesaria la adopción de programas reparadores para los grupos discriminados o en desventaja.
Marcela Rodríguez (En Mafia y Kuschnir, comp.) explica la justificación de las acciones positivas según distinto tipo de fundamentos: justicia compensatoria, justicia distributiva y utilidad social. Según la justicia compensatoria, las injurias pasadas originan un derecho a la reparación para quienes la han sufrido para restablecer la situación de igualdad que existía o que debía haber existido. Para la justicia distributiva, un individuo está autorizado a recibir los beneficios de un programa de acción positiva no porque la sociedad reconozca injusticias pasadas sino porque merece una porción mayor de los recursos de la comunidad. Por último, el sistema de cuotas proporciona un mayor grado de utilidad social, es decir, maximiza el bienestar de la sociedad en su conjunto en la medida que más intereses son representados. En conclusión, para Rodríguez "el sistema de cuotas en los partidos políticos es un mecanismo por el cual la sociedad podría cumplir su obligación de proveer de los instrumentos adecuados para que las mujeres puedan acceder al proceso político en una real condición de igualdad".
En los partidos políticos se da una división sexual entre militancia y toma de decisiones, es decir, que si bien las mujeres se integraron a la política no por ello lograron compartir el poder, debido a factores inherentes al funcionamiento de las instituciones. Aún sigue vigente una cultura política, un código de conducta masculino en los partidos políticos, que discrimina a las mujeres: horarios incompatibles con la vida familiar, mecanismos de competencia, agresividad, prejuicios, todos factores que las llevan a ocupar un lugar marginal desde el cual sólo se les delega la realización de tareas asistenciales, de tipo inmediato y cotidiano, y se las excluye de la planificación a largo plazo y de la negociación.
Para que las mujeres accedan al poder político no basta con la militancia sino que hay que acceder a "un savoir fair político", a un "know how", formado por conocimientos, aptitudes, habilidades, actitudes y prácticas de liderazgo político que podrían facilitar el acceso a espacios de conducción política, de los cuales tradicionalmente las mujeres han estado apartadas.
Suele plantearse un dilema entre un hacer política diferente de las mujeres frente a las exigencias reales del poder y por ende, se escucha con frecuencia que las mujeres se alejan de los partidos porque no soportan la tensión. Este es uno de los mayores conflictos por los que pasan las mujeres que buscan la participación política: asumir que los masculinos espacios de poder no son para las mujeres o masculinizarse para llegar a ellos.
Pero el cambio de situación que permita a las m
ujeres participar en los niveles de decisión no se relaciona ni con su participación cuantitativa ni con sus esfuerzos realizados en los partidos políticos. Su marginación es la consecuencia de la vigencia de una concepción hegemónica a partir de la cual las mujeres y sus modalidades participativas, que difieren de los estándares dominantes, son desvalorizados. El incremento de su poder como grupo dependerá de su capacidad para desarrollar pactos y alianzas entre sí, del reconocimiento y aceptación de sus diferencias y de sus posibilidades de transformar su accionar político en hechos políticos.Si bien la cantidad no garantiza el salto a la calidad, una minoría numerosa puede constituir una masa crítica importante que fortalezca la exigencia de ampliación de la presencia femenina en las instituciones políticas. Tratar iguales a desiguales no genera igualdad sino que ahonda las diferencias por eso es necesaria la discriminación positiva.
"Las mujeres cambian la política, no a causa de su sexo biológico, sino a causa de una larga historia, la de la reproducción. Quieren trabajar. Pero también quieren hijos: a escala de la historia, el control de las mujeres sobre su fecundidad aparecerá sin duda como una de las mayores rupturas. Los hombres se resisten, en todo caso en el medio político, a la intrusión de las mujeres, si no es en dosis pequeñas. Ellas no hacen sino perturbar la cultura del club, en la cual las picardías se tornan indecentes. Traen consigo cuestiones molestas", concluyen Bataille y Gaspard. Entonces, ¿qué significa ser diputada mujer, gobernadora mujer?. No significa hablar en nombre de las mujeres, que son muchas y como tales no pueden ser representadas, sino hacer visible la diferencia sexual, pero no una diferencia que tome a lo masculino como referente positivo, sino desde las mismas mujeres. "Descubrirnos carentes de valor social es el primer paso para empezar a construirnos como seres valiosos: hay que pasar de la conciencia de la debilidad a la fuerza social", dice Marta Lamas (Revista Debate feminista)
Mujeres en Lugares de Decisión
En Argentina - Poder Ejecutivo
La presencia de mujeres en los máximos cargos ejecutivos de la Administración Pública Nacional es casi nula. Según el estudio Mujeres en Argentina, hasta 1999 sólo hubo dos ministras: en 1989, en el Ministerio de Relaciones Exteriores, y entre 1996 y 1999, en Educación. En 1999, del conjunto de las 16 Secretarías que dependen directamente de Presidencia, el 19% contaba con una mujer a cargo (Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable, Cultura y Pequeña y Mediana empresa). Aunque baja, en 1994 el porcentaje era menor, del 10%. La representación femenina en los cargos más jerarquizados de los Ministerios era del 11%. Sobre un total de 46 Secretarías Ministeriales, cinco estaban a cargo de Mujeres: Función Pública, Equidad Fiscal, Asuntos institucionales, Relaciones con la Comunidad, Asuntos Consulares y Generales. El porcentaje era del 8% si se tiene en cuenta las Subsecretarías Ministeriales: de un total de 110, sólo 9.
La Administración Pública centralizada estaba compuesta, en 1998, por mujeres en un 48,9%. Si se analiza por sexo, el índice de masculinidad (cantidad de hombres cada 100 mujeres) en la Administración Pública era el siguiente:
-.Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos: 160,2.
-.Ministerio de Relaciones Exteriores, C.I. y Culto: 126.
-.Ministerio de Trabajo y Seguridad Social: 112,3.
-.Jefatura de Gabinete y Ministros: 102.
- Ministerio de Salud y Acción Social: 101,4.
- Presidencia de la Nación: 86,9.
- Ministerio de Defensa: 83,9.
- Ministerio de Justicia: 77,1.
- Ministerio del Interior: 76,5.
- Ministerio de Cultura y Educación: 53,3.
Fuente: Boletín estadístico. Colección Modernización del Estado nº18. Jefatura de gabinete de Ministros y Secretaría de la Función Pública, 1998.
Representación femenina en cargos superiores del Poder Ejecutivo Nacional, período 1984-1994
Presidencia de Raúl Alfonsín
Presidencia de Carlos Saúl Menem
Fuente: Fuld, Roberto Gerardo. "La mujer y la política en la Argentina". En H. Cámara de diputados de la Nación, Secretaría Parlamentaria, Dirección de Información Parlamentaria, Estudios e Investigaciones 9, Mujer, Diciembre de1996. Cuadro 66.
Representación femenina en cargos superiores del Poder Ejecutivo Nacional, a octubre de 1998
Ministerios
Total
Mujeres: cantidad 1
Porcentaje
Secretarías de Presidencia
Total 15
Mujeres: cantidad 3
porcentaje 20,0
Secretarías de Ministerios
Total 36
Mujeres: cantidad 5
porcentaje 13,9
Subsecretarías
Total 110
Mujeres: cantidad 11
porcentaje 10,0
Fuente: Consejo Nacional de la Mujer.
Como vemos, las mujeres en puestos de liderazgo tienden a concentrarse en agencias del Estado de menor rango y referidos a temáticas sociales como educación y bienestar social.
En el Contrainforme al CEDAW 2002 de las Ongs se señala que durante el gobierno de Fernando De la Rúa (1999-2001) "hubo sólo 2 ministras sobre una cantidad de 12 ministerios. En el gobierno actual (presidente Eduardo Duhalde) hay 3 ministras sobre la misma cantidad de ministerios".
También afirma que de los 24 distritos, sólo en San Luis asumió la gobernación una mujer, como consecuencia de la renuncia del gobernador Adolfo Rodríguez Saá (cuando se hizo cargo, durante una semana, de la presidencia), en diciembre de 2001.
A excepción de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires (1996) que dispone cuotas en organismos colegiados, descentralizados y de contralor ("que no siempre se cumple", dice el Contrainforme), no existen en el ámbito nacional o provincial legislación ni políticas públicas que establezcan acciones positivas en razón de género para los Poderes Ejecutivos.
Mujeres en Lugares de Decisión
En Argentina - Consejos Profesionales
En las instituciones y organizaciones también se comprueba la presencia de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres. Lidia Heller (En Maffía y Kuschnir, comp. y en Por qué llegan..., dice que la discriminación de la mujer dentro de las instituciones posee distintos componentes que pueden categorizarse en dos planos: el culturalpsicológico y el institucional. En el primero están incluidos los aspectos motivacionales, comunicacionales y los relacionados con el poder, la negociación y el conflicto. En el segundo, se engloba a la segregación vertical y horizontal. La vertical implica que las mujeres se encuentran, a igualdad de condiciones respecto de los hombres, en los niveles inferiores de las escalas jerárquicas. La horizontal significa que al incorporarse mujeres a determinadas ramas o sectores típicamente femeninos se produce una desjerarquización o descalificación de dichos sectores. Sin embargo, las mujeres exitosas y destacadas, en general, no han tomado conciencia de las limitaciones y condicionantes sociales y defienden el principio de que el mérito y el esfuerzo son el camino al éxito (Heller, Lidia: Por qué llegan... y la encuesta realizada por el ISPM en MUJERES EN LUGARES DE DECISIÓN - EMPRESAS).
Según Norma Allegrone, la Constitución Nacional reformada en 1994 y la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires de 1996 han incorporado disposiciones sobre la participación de la mujer en la vida pública y, explícitamente, esta última permite aplicarlas no sólo a instituciones políticas sino también a los cuerpos de las organizaciones profesionales, cámaras empresariales, sindicatos, asociaciones civiles y sociales, para que incluyan en sus estatutos cláusulas que garanticen el ingreso y participación de las mujeres.
Cada vez hay más mujeres que se desarrollan profesionalmente. Según el último censo realizado en 1996 en la Universidad de Buenos Aires (citado por Marta Más de Magliano, en: Allegrone, Norma, op.cit.), la matrícula femenina supera a la masculina tanto a nivel de grado como postgrado. Sin embargo, en lo referido a la investigación científica, hay más directores de proyectos varones que mujeres y en la categoría A -de mayor salario- los directores de proyectos de ciencia y tecnología superan a las mujeres en un 128%.
Con respecto a las organizaciones profesionales, Allegrone comprobó que, a pesar del ingreso masivo de mujeres a carreras antes dominadas por los hombres, no hubo un correlato en el ejercicio de cargos de conducción en las organizaciones profesionales. La autora realizó una encuesta entre mujeres profesionales y encontró que ellas, en general, no militan en política y prefieren decir que trabajan para su Colegio, no que hacen política en su Colegio.
Allegrone estudió los consejos directivos profesionales, entre 1990 y 2000, de Arquitectura y Urbanismo, Ciencias Económicas de Capital Federal, Abogados de Capital Federal, Escribanos de Capital Federal, Ingeniería Civil, Ingeniería Industrial, Asociación Médica Argentina y Odontológica Argentina. Sus conclusiones fueron: -las mujeres representan un 11% del total de su Consejo Directivo. -en las Mesas Directivas, se reduce al 6,6%. -no hubo representación femenina en las Mesas Directivas del Consejo Profesional de Ingeniería Civil y de Ingeniería Industrial. -en muchos casos, es la misma mujer que ocupa reiteradamente un cargo. -la mayor representación de mujeres está concentrada en los cargos de vocales titulares y suplentes. -en la Asociación Odontológica, el 83% de la matrícula es femenina, pero los directivos son hombres.
En el Contrainforme 2002 a la CEDAW de las ONGs, se señala que sigue siendo reducida la participación de la mujer en los colegios de profesionales: "En general, no existe legislación que establezca acciones positivas al respecto, salvo algunos colegios de profesionales de la Ciudad de Buenos Aires que, ya sea por la ley de la ciudad, o por reforma de sus estatutos impuestas por acciones judiciales de sus asociadas, como el Colegio Público de Abogados de Buenos Aires". Nelly Minyerski, que asumió en 1999, es la primera presidenta mujer en 65 años de la Asociación de Abogados de Buenos Aires.


No hay comentarios:
Publicar un comentario